En esta sección iremos colocando los relatos de las rutas que organicemos durante todo el año.

Crónica de la salida "En un lugar de la Mancha..."

 

Lo que inicialmente iba a ser un almuerzo y presentación, se convirtió en una ruta en la que hicimos unos 550 kilómetros. El mini-grupo de serie 7, se apuntaría a una salidita de sus hermanos mayores por los montes de Teruel y Cuenca.

A las 8 de la mañana ya estábamos camino de Masía Pelarda donde daríamos cuenta de un almuerzo-comida que nos permitiría no parar a comer hasta bien pasadas las 3 de la tarde.

Desde allí, salimos la caravana de Toyotas hacia nuestro destino.
La verdad es que llamaba la atención ver a 5 HDJs y 3 LJs (bueno uno era KZJ) circulando por la autovía uno tras otro a buen ritmo.

Hartos de tanto asfalto, engranamos la tracción para comenzar lo que serian inicialmente unos caminos polvorientos. Después de alguna que otra paradita para abonar el campo, llegamos a zonas de barro, hielo y nieve, en las que había que bajar con mucho tacto para mantener el control de los coches. Circulamos paralelos al cauce de un pequeño río que nos obligo a vadearlo en varias ocasiones. Aquí la bola de remolque se encargo de recordarme en 2 ocasiones que la tengo que quitar.

Los paisajes eran preciosos, y en algunos sitios la nieve todavía cubría los caminos. Las placas de hielo, en algunos casos de unos 10 cms de espesor, se rompían al paso de los Rompehielos (HDJs) y se convertían es ladrillos flotantes en los charcos para nuestros pequeñines (LJs).

No falto la estampa histórica de un castillo que encontramos durante el itinerario.

La emisora nos avisa de una posible avería en uno de los coches: "Al frenar, algo hace "Clack"".
Manos a la obra, apartamos los coches del camino y levantamos el chiquitín de Javi.
Aprovechamos para picar unos cacahuetes, papas y Coca-Colas heladas de la nevera de Rafa y Vicente.
Efectivamente le faltaba un tornillo (al coche) de los que sujetan la pinza de freno al disco. Casualidades de la vida, yo llevaba uno igual, puesto que había sufrido la misma avería unos meses antes y compre 2 por si acaso.

Pedro y Javi se encargaron de arreglarlo todo con un par de buenos apretones y continuamos la marcha.

Bien entrada la tarde, la paella de embutido del almuerzo ya había sido digerida por casi todos y el estomago empezaba a reclamar algo solido. Así que montamos el "campamento" en una explanada y nos dispusimos a desplegar las mesas y sillas para dar cuenta de la intendencia que llevamos en los coches.

Aprovechamos la comida para solucionar algunas dudas técnicas de "la mula" que hicieron que nos riéramos un rato.

A partir de aquí, seguiríamos por caminos helados y acabaríamos en una pista de scalextric de mas de 2 kilómetros, en las que el barro y las roderas, hicieron las delicias de todos los que conducíamos. Conducir recto se convertía en algo raro y las profundas roderas hacían que nos pareciese ir en el tren de la bruja con sacudidas cada pocos metros.

Un poco después, y tras salirnos de la ruta que pretendíamos seguir, una rama traicionera se encargo de romperme el ciclónico del snorkel, que vi como caía por delante del parabrisas. Un poco de cuerda nos basto para solucionar el entuerto y seguir por carretera hasta la siguiente población.

Desde allí nos fuimos a una trialera que empezaba en un camino de piedra de los de los carros del siglo pasado. Hasta aquí todo bien, pero en una zona bastante complicadilla, es donde los bloqueos de nuestros hermanos mayores marcaron las diferencias. Yo pase dando pequeños brincos en primera reductora sin ningún contratiempo. Después lo haría Miguel deleitándonos con una levantada de morro de las que te dejan boquiabierto. También perdió las faldillas traseras, pero como dijo el mismo: ¡Si se han caído, es porque no hacían falta!

Tras él pasó Juanma y en cuanto la cosa se complicó, una vueltecita al botón de los bloqueos y para arriba.
Por ultimo Gabi recorto la primera curva y se llevo un recuerdo de la roca en su estribera derecha. Llegado al punto critico, estuvo peleando varias veces con el escalón que se resistía a dejar pasar al ultimo de los coches y lo dejaba una y otra vez con alguna rueda en el aire. Finalmente con una piedra aquí y otra allá, consiguió aupar el coche y continuar trepando hasta arriba.

La tarde caía sobre nosotros y los caminos llenos de roderas se empeñaban en atraparnos, pero el barro nos dejo pasar sin cobrarse ninguna eslingada. Tras varios kilómetros con cruces de caminos y alternativas que habían otros coches intentando escapar de las profundas roderas, subimos una cuesta arcillosa que puso a prueba los tacos y la potencia de nuestras maquinas y acabamos la jornada en un vadeo a la orilla de la carretera.

A nosotros (los pequeños) nos quedarían cerca de 200 Km para llegar a casa, mientras que los "tanques" se quedarían a dormir en la Serranía de Cuenca para continuar el Domingo por los caminos de aquellos lares.

Un Saludo a todos y a ver cuando repetimos.

Jorge Sequí

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Esta página fue actualizada el 20-2-06